Mallorca en una semana: Qué ver y por dónde empezar 

Mallorca tiene ese raro don de adaptarse a cualquier viajero: al que llega con siete días y quiere verlo todo, al que solo dispone de cinco y necesita elegir bien, y al que busca un equilibrio perfecto con seis jornadas sin prisa pero sin pausa.

La isla más grande de las Baleares concentra en apenas 3.600 km² una catedral gótica que rivaliza con las mejores de Europa, pueblos de sierra declarados Patrimonio de la Humanidad, calas de agua tan turquesa que parece irreal y una gastronomía que va mucho más allá del pa amb oli.

Este itinerario resuelve exactamente eso. Está diseñado como un artículo pilar que funciona igual si tienes cinco días que si tienes una semana completa: empieza por el bloque de cinco días —la columna vertebral de cualquier visita—, y a partir de ahí añade las etapas extra que permiten aprovechar el sexto o el séptimo día sin repetir nada.

Itinerario de Mallorca en 5 días: lo esencial sin prisas

Cinco días en Mallorca no son una semana, pero son suficientes para irse con la sensación de haber visto la isla de verdad. La clave está en la organización geográfica: agrupar por zonas evita los kilómetros de más y permite llegar a cada punto descansado.

El esquema más eficiente es este: Palma el primer día, la Sierra de Tramuntana el segundo, el norte el tercero, el noreste el cuarto y el sur el quinto. Cada etapa tiene sentido propio y la transición de una a otra es natural en coche, que es el medio de transporte imprescindible en cualquier visita a Mallorca en 5, 6 o 7 días.

Lo que queda fuera en cinco días: el Cabo de Formentor con margen para disfrutarlo, las Cuevas del Drach y la excursión a Cabrera. Esas tres joyas son exactamente lo que justifica los días adicionales.

Qué añadir si tienes 6 o 7 días (o una semana completa)

Si dispones de seis o siete días en Mallorca, el itinerario de cinco días permanece intacto: simplemente añades etapas por el lado del noreste y el sur que en la versión compacta quedan algo apretadas.

El sexto día es perfecto para detenerse en el Cabo de Formentor con calma —no de pasada, sino con tiempo para bajar a la Playa de Formentor y llegar al faro sin prisas— o para hacer la excursión a las Cuevas del Drach desde Porto Cristo con la tarde libre en alguna cala del este.

El séptimo día puede dedicarse a Cabrera, el archipiélago deshabitado al sur de la isla al que solo se llega en barco y cuyo fondo marino es de los más limpios del Mediterráneo, o a alargar la jornada del sur añadiendo Cala Llombards y el pueblo de Santanyí. Si prefieres empezar la semana con una nota distinta, Sóller en el tren histórico del siglo XIX es una de esas experiencias que no tienen sustituto: el trayecto desde Palma atraviesa la sierra y el tiempo parece detenerse durante los 28 kilómetros de vía estrecha.

Itinerario detallado día por día

Día 1: Palma de Mallorca, catedral, casco antiguo y primer atardecer en el mar

Vista de la Catedral de Palma, el imprescindible del día 1 en una semana en Mallorca.
Vista de la Catedral de Palma, el imprescindible del día 1 en una semana en Mallorca.

Palma merece al menos una jornada completa, y la mejor manera de empezar es a pie por el casco antiguo antes de que el calor apriete. La Seu —la catedral gótica que se asoma directamente al mar— es el primer impacto visual que define el viaje: sus 14.000 m² de planta y la rosa del ábside, que Gaudí reformó a principios del XX, son difíciles de olvidar. Desde la catedral, el recorrido natural lleva al Palacio de la Almudaina, a los callejones del Call (el antiguo barrio judío) y al Palacio de l’Almudaina.

Por la tarde, Santa Catalina es el barrio donde comer bien sin trampa: mercado, bares de tapas, restaurantes con producto local. Y cuando el sol empieza a bajar, la bahía de Palma se convierte en el mejor escenario posible. Si buscas ideas para la noche, algunos de los mejores restaurantes con vistas al mar de Palma se concentran justo en esta zona del paseo marítimo.

Ese primer atardecer desde el agua es, de hecho, uno de los momentos más recordados por quienes visitan Mallorca en una semana: la ciudad vista desde la bahía, con la catedral encendida por la luz dorada, es una imagen que no se consigue desde tierra.

Día 2: Sierra de Tramuntana, de Valldemossa a Deià y Sóller

La carretera Ma-10 que atraviesa la Sierra de Tramuntana de sur a norte es una de las rutas más fotogénicas de toda España. El segundo día arranca en Valldemossa, donde el cartujano Chopin pasó el invierno de 1838-39 con George Sand y donde las calles empedradas con macetas de flores convencen a cualquiera de que el tiempo en la sierra va despacio.

Desde Valldemossa, el camino lleva a Deià: un pueblo de piedra ocre colgado entre el olivo y el mar que ha atraído a escritores y artistas desde que Robert Graves lo eligió como hogar en los años treinta. El mirador de Sa Foradada, con esa roca que se abre al Mediterráneo como una ventana natural, es la parada intermedia perfecta. La jornada puede cerrar en Sóller, con su puerto pesquero y su plaza porticada, o adelantar ya la experiencia del tren histórico para llegar desde Palma al día siguiente con más calma.

Día 3: Norte de Mallorca, Pollença, Alcúdia y Cap de Formentor

El norte de Mallorca combina historia medieval y naturaleza extrema en la misma jornada. Pollença empieza por el Calvari —365 peldaños que suben a una ermita con vistas panorámicas— y continúa por la plaza mayor, donde el mercado dominical (si coincide) es de los más auténticos de la isla. Alcúdia añade murallas medievales bien conservadas y una bahía que es la más amplia del noreste.

Desde Alcúdia, la carretera al Cabo de Formentor es la que más veces aparece en revistas de viajes cuando hablan de Mallorca en 7 días: curvas sobre el acantilado, pinos marítimos, el faro blanco al final y, justo antes, el mirador del Colomer con la panorámica más dramática de la isla. Si tienes solo cinco días, esta etapa puede hacerse con algún sacrificio; si tienes seis o siete, Formentor merece el día entero.

Día 4: Noreste salvaje, Artà, Capdepera y Cuevas del Drach

El noreste de Mallorca es la parte menos urbanizada y más auténtica del interior. Artà tiene un talante propio —su ciudadela amurallada sobre el cerro, con la iglesia de la Transfiguración y el santuario de Sant Salvador, domina un pueblo que todavía vive de espaldas al turismo masivo—. Capdepera añade otro castillo medieval con vistas a Menorca en los días despejados.

La visita de la tarde es las Cuevas del Drach, en Porto Cristo: cuatro grandes cavernas con estalactitas y estalagmitas que culminan en el lago Martel, uno de los lagos subterráneos más grandes del mundo. El concierto de música clásica sobre el agua —los músicos flotan en una pequeña barca mientras tocan— es de esos momentos que marcan cualquier semana en Mallorca de forma imborrable.

Día 5: Sur y calas vírgenes, Caló des Moro, Es Trenc y Cala Mondragó

El sur de Mallorca es otro mundo: sin la verticalidad de la sierra ni la monumentalidad de Palma, su tesoro es el color del agua. El quinto día está diseñado para dejarse llevar por las calas y las playas que concentran las aguas más turquesas de la isla.

Caló des Moro es pequeña, protegida entre rocas y de acceso a pie desde un aparcamiento —conviene llegar antes de las nueve si se visita en temporada alta—. Es Trenc es lo contrario: dos kilómetros de arena fina y fondo de laguna que se extienden sin urbanización, con chiringuitos discretos en los extremos. Cala Mondragó, dentro del Parque Natural del mismo nombre, combina dos calas con bosque de pinos y poca masificación comparada con el resto del sur. Cerrar el día viendo caer el sol sobre el mar desde cualquiera de estos puntos es la manera perfecta de poner fin a un viaje a Mallorca en 5, 6 o 7 días.

Si buscas hacer de ese último atardecer algo todavía más especial, y especialmente si viajas en pareja, explorar los mejores planes en pareja en Mallorca puede darte ideas que van más allá de la playa.

Una pareja disfrutando de la coctelería a bordo de Attraction Catamarans.
Una pareja disfrutando de la coctelería a bordo de Attraction Catamarans.

Consejos prácticos para visitar Mallorca en 5, 6 o 7 días

El coche de alquiler no es opcional: Mallorca tiene transporte público entre las ciudades principales, pero las calas del sur, los miradores de Tramuntana y los pueblos del interior son prácticamente inaccesibles sin vehículo propio. Reservar con semanas de antelación en temporada alta (junio-septiembre) evita sorpresas de precio y disponibilidad.

En cuanto a la base de alojamiento, hay dos estrategias: quedarse en Palma toda la semana y salir en coche cada día (cómodo, con acceso a restauración y vida nocturna) o moverse con dos bases —Palma los primeros días, Pollença o Port de Sóller a partir del tercero— para reducir desplazamientos. Si el objetivo es ver Mallorca en 5 días con ritmo eficiente, Palma como base única es la opción más práctica.

La mejor época para visitar la isla es mayo, junio y septiembre: el mar ya está a buena temperatura, las calas no están en el pico de masificación de julio y agosto, y la luz de esas semanas tiene una calidad especial. Para evitar aglomeraciones en los puntos más populares —Formentor, Caló des Moro, Valldemossa— la regla es simple: salir antes de las nueve de la mañana o llegar después de las cinco de la tarde.

Mallorca no es una isla para ver de prisa. Pero con un itinerario bien trazado —ya sean cinco, seis o siete días— cada jornada tiene sentido propio y la suma de todas ellas da una imagen completa y honesta de lo que la isla ofrece de verdad. El único error que conviene evitar es intentar verlo todo en demasiado poco tiempo: mejor dos calas disfrutadas que cinco vistas desde el coche.

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